miércoles, 25 de mayo de 2011


... y así correr, hasta llegar a la cima,
sólo para darte cuenta, al llegar,
que no hay nada más ahí, y que nunca nada habrá...

Sólo un vacío infinito entre tu suelo y el mío,
un hielo que quema entre tu pecho y el mío,
sólo un salto eterno y momentáneo
que nos separará por una eternidad,
sólo un precipicio en frente de una verdad.

Una verdad
que nadie vio,
que nadie supo
y que nadie nunca sabrá...


No es casualidad que las palabras lleguen en el peor momento y que se vayan a penas termina la oscuridad... Es casualidad que haya un buen momento, dónde no haya necesidad de escribir, donde no haya necesidad de volar...

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