
Amigos, compañeros y profesora:
Comenzar a escribir algo, donde narrara todo lo que hemos vivido en esto últimos cuatro años, la verdad, fue lo más difícil que me han pedido hacer dentro del colegio… Son tantas las vivencias que hemos tenido, los juegos, las locuras, las risas, los llantos y, más las glorias que las derrotas, que tratar de plasmarlo todo en este papel se me ha hecho demasiado complicado…
Cuando pienso en el primer día de nuestro nuevo curso, lo primero que se me viene a la mente es esa completa división que había en la sala entre los ex octavos, división que poco a poco fue muriendo, gracias a nuestras ideas locas y a nuestras niñerías.
Ya en segundo medio, teniendo el estigma de “curso problema”, no fuimos de buenas notas y mucho menos de buen comportamiento y, por eso, muchos compañeros nos dejaron aquel año, pero también llegaron dos muy especiales para mí. Creo que gracias a este mal paso que vivimos, en nuestro siguiente año apreciamos mucho más a nuestros compañeros, y los disfrutamos al máximo, llegando a ser una familia. Una familia con todo lo que conlleva: altos y bajos, penas y alegrías, risas y llantos… pero por sobre todo, apoyo incondicional para cada uno de los que la conforman…
En tercero medio también recibimos a nuevos compañeros los que se integraron rápidamente a nuestra familia. Gracias a una de ellos pudimos comernos una rica torta en el día del alumno y gracias al otro ganamos nuestra tercera alianza consecutiva. Este fue el año en que más nos destacamos y demostramos que ya no éramos los mismos niñitos del año anterior, logramos todo con mucho esfuerzo y trabajo, nos demostramos a nosotros mismos que sí éramos capaces de salir adelante, de poner en pié un proyecto y terminarlo de la mejor manera posible y gracias a esto tuvimos muchas alegrías entre ellas el baile del 18 de septiembre, el que no tenía muchas expectativas pero aún así logramos recibir la energía de los asistentes ese día, a través del gran aplauso que nos brindaron, y también, la despedida que organizamos para el ex cuarto que, a pesar de ser para ellos, nos terminamos emocionando lo mismo o más que ellos al ver el fruto de nuestro trabajo.
Este año lo comenzamos de una manera distinta, desde la primera semana nos organizamos para que nos dieran la otra sala e hicimos un pequeño paro en el que, a pesar de que no todos estuvieran de acuerdo con la idea que muchos manifestábamos, estuvimos todos juntos y, aunque no nos dieron la otra sala, como siempre, sacamos una buena experiencia de lo que habíamos hecho. Ya más adentrado el año, vivimos nuestro último día del alumno escolar, dónde disfrutamos al máximo la banda invitada, otros trataron de hacerse los pillos y tomaron en la sala y, como siempre, nos ganamos la tortita gracias al Pancho y a la Vioro. Luego vivimos nuestras ultimas alianzas, las que no ganamos, pero aún así nos sentimos ganadores, porque perdimos sabiendo que habíamos cumplido con todo lo que nos habían pedido. Saliendo del estrés y la locura de las alianzas comenzamos a organizar nuestro último baile del 18 de septiembre, donde al igual que en el año anterior, vivimos peleas, risas, frustración y muchas cosas más, pero que valieron la pena al momento de estar esos casi cuatro minutos bailando delante de todos para recibir orgullosos una vez más, el aplauso de prácticamente todos los presentes aquel día.
Tampoco puedo dejar de nombrar nuestro más reciente y más complejo proyecto: el festival de la voz, que después de dos años sin realizarse nos tocó la difícil tarea de organizarlo y llevarlo a cabo de la mejor manera posible. Como siempre, tuvimos problemas pero, esta vez, con el clima. A pesar de eso logramos salir adelante, vivimos una gran experiencia, donde la Cami y la Yine nos dieron un gran regalo, cantándonos una de las canciones que mejor describe el momento que estamos viviendo: nuestra despedida.
Hoy por hoy, ya muchos ansiosos por salir del colegio, pero prácticamente todos con miedo a hacerlo, quiero pedirles que disfrutemos estos últimos días lo más que podamos, que no nos dejemos llevar por los impulsos y mucho menos nos peleemos por estupideces. Recordemos que, como todas las familias, podemos tener problemas entre nosotros, pero estos no pueden alejarnos ni mucho menos acabar con nuestra unión. Lo bonito de ser familia es saber superar los problemas en conjunto, sin dejar a nadie de lado y poder salir adelante, mostrándonos a nosotros mismos que en verdad estamos todos para todos y no es solo porque el termino familia suena bonito que nos llamamos así.
Quiero darles las gracias a todos, porque si uno nos faltara, no seríamos lo que somos ahora. Gracias a mis amigos por estar siempre para mí, gracias a las niñas por todas las risas y las juntas que vivimos, gracias al litro de racionalidad y al gramo de madurez que, la verdad, en este último tiempo, no sé que habría hecho sin ellos…
Gracias =)